Las Estaciones de Servicio podrían ampliar su negocio con nuevos modelos de abastecimiento
(Surtidores) – La expansión de la industria gasífera podría generar un mercado interno que hoy prácticamente no existe. Plantas de menor escala, establecimientos que combinen GNL y GNC aparecen como oportunidades para los operadores que logren anticiparse al cambio.
Argentina atraviesa una transformación de su industria gasífera que podría exceder el objetivo de generar divisas mediante exportaciones. El crecimiento de Vaca Muerta y los grandes proyectos de GNL pueden crear las condiciones para que el gas natural licuado encuentre nuevos usos en el mercado local y abra una alternativa comercial para las Estaciones de Servicio.
El desarrollo de una cadena nacional de GNL permitiría incorporar instalaciones capaces de recibir, almacenar y distribuir el producto, e incluso utilizarlo para generar GNC. La tecnología necesaria ya existe y el salto industrial que se proyecta podría favorecer la aparición de nuevos modelos de abastecimiento.
Héctor Etcheverry, CEO y Director de Haizea Energía, explicó a Surtidores que Argentina puede ampliar el uso vehicular del gas más allá del GNC. “Argentina está entrando en una etapa en la cual el gas natural puede dejar de pensarse solamente como GNC para vehículos livianos y empezar a tener una participación mucho mayor dentro del transporte pesado”, señaló.
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¿Qué necesitan las Estaciones de Servicio para que el GNL llegue a las rutas?
Vaca Muerta puede impulsar un nuevo negocio, especialmente en corredores de alto tránsito pesado. El desafío será adaptar las instalaciones y contar con infraestructura, personal capacitado y una flota suficiente para sostener la demanda.
La diferencia comienza en el tratamiento del combustible. Una estación de GNC recibe gas de la red, lo comprime y almacena a alta presión. El GNL, en cambio, debe llevarse hasta aproximadamente -162 °C para convertirse en líquido y reducir considerablemente su volumen. Luego puede trasladarse en cisternas criogénicas hasta los puntos de consumo.
Esta modalidad también permitiría desarrollar plantas de licuefacción de menor escala destinadas al mercado interno, sin depender exclusivamente de grandes complejos industriales. “Una producción mucho mayor de gas, nuevos gasoductos y mayor infraestructura pueden generar las condiciones económicas para desarrollar paralelamente plantas de licuefacción de menor escala destinadas al mercado interno”, afirmó Etcheverry.
Argentina cuenta además con un antecedente concreto. En San Vicente funciona desde hace años una planta desarrollada para Buquebus, con tecnología argentina de Galileo Technologies, que produce GNL para abastecer al ferry Francisco. Para el especialista, esa experiencia demuestra que el país ya dispone de capacidades para producir y manipular el combustible.
La expansión de Argentina LNG, impulsada por YPF, Eni y XRG, podría reforzar esa base. El proyecto está orientado a producir gas en Vaca Muerta, transportarlo hasta Río Negro, licuarlo y exportarlo. Sin embargo, la escala industrial, la infraestructura y el conocimiento que genere la iniciativa podrían favorecer también emprendimientos de menor tamaño destinados al mercado doméstico.
Para las Estaciones de Servicio, la oportunidad sería incorporar GNL sin abandonar necesariamente el negocio existente. Una de las alternativas más atractivas es combinarlo con GNC mediante instalaciones LCNG.
Estas estaciones pueden utilizar el GNL almacenado para abastecer directamente vehículos preparados para consumirlo o regasificarlo y comprimirlo posteriormente para producir GNC. “Existe la posibilidad de desarrollar estaciones mixtas GNL/GNC -conocidas internacionalmente como LCNG- donde el GNL almacenado puede utilizarse directamente para abastecer camiones o regasificarse y comprimirse para producir GNC”, explicó Etcheverry.
La incorporación, sin embargo, implica mucho más que sumar un surtidor. El establecimiento necesita tanques criogénicos aislados, sistemas para recibir el producto desde camiones cisterna, bombas especiales, cañerías compatibles y dispositivos de seguridad específicos. También debe contemplar el manejo del boil-off gas, generado por la evaporación natural del combustible almacenado.
El monto de inversión dependerá de la capacidad, la obra civil, el origen del producto y las exigencias regulatorias. Etcheverry consideró prematuro fijar una cifra para Argentina, aunque indicó que internacionalmente una estación comercial puede demandar inversiones del orden del millón de dólares y superar ampliamente ese monto en instalaciones de mayor capacidad.
La ecuación puede mejorar cuando los equipos sirven para distintas actividades. Una estación que comercialice GNL y GNC y, además, pueda funcionar como punto de distribución para otros consumidores tendría más posibilidades de aprovechar la infraestructura instalada.
En ese punto aparecen los llamados “gasoductos virtuales”. Una planta modular puede producir GNL y utilizarlo para abastecer a consumidores que no cuentan con conexión a la red. “Las mismas plantas modulares capaces de abastecer a una flota pueden suministrar GNL a terceros y formar parte de los denominados gasoductos virtuales, utilizados para llevar gas a industrias, generadoras u otros consumidores que no tienen conexión con la red”, explicó el especialista.
El modelo permitiría transportar energía en camiones hasta localidades, industrias o zonas productivas sin acceso directo a gasoductos, donde el producto podría almacenarse, regasificarse o utilizarse en estado líquido.
Esta cadena también podría abrir espacio para operadores independientes, transportistas, centros logísticos y proveedores especializados, sin que toda la infraestructura tenga que quedar concentrada en las grandes petroleras.
El marco regulatorio será otro factor decisivo. Etcheverry señaló que ENARGAS ya contempla vehículos pesados propulsados por GNC y GNL en las normas NAG-451 y NAG-452, aunque las disposiciones vinculadas con el almacenamiento terrestre de GNL todavía se encuentran en actualización y existen normas específicas en elaboración.
La seguridad, el almacenamiento, el transporte y los procedimientos de expendio deberán quedar suficientemente definidos para que los operadores puedan calcular el riesgo y la inversión.
También habrá que comprobar la competitividad. El gas de Vaca Muerta constituye una ventaja, pero el costo final del GNL incorpora licuefacción, transporte, almacenamiento y distribución. Por eso, no alcanza con comparar el valor del gas en origen.
Para Etcheverry, el desarrollo requiere gas abundante y competitivo, infraestructura adecuada, vehículos disponibles y una diferencia económica sostenida frente a los combustibles tradicionales.
La oportunidad para las Estaciones de Servicio estaría en anticiparse a esa cadena, seleccionando establecimientos con condiciones para convertirse en nuevos nodos de distribución, en lugar de avanzar con una incorporación masiva de equipamiento sin demanda asegurada.
Un informe de la Cámara de Expendedores de Combustibles de Santiago del Estero sostiene que si el país logra consolidar los proyectos, podría dejar atrás el déficit energético y potenciar al sector minorista.
Argentina está construyendo una industria de GNL de una escala inédita. Si una parte de esa capacidad se vuelca al mercado interno, las estaciones podrían ampliar su función y convertirse en centros de distribución de gas en diferentes formatos, sumando una actividad a su negocio tradicional.
Etcheverry resumió el punto central de la oportunidad: “Tenemos el gas, tenemos la tecnología, comienzan a aparecer los vehículos y existe una infraestructura de Estaciones de Servicio extraordinariamente desarrollada. Lo que falta es unir esas cuatro piezas”.
Para el especialista, ese proceso tampoco debería comenzar con una expansión generalizada. “Probablemente el primer paso no sea una red nacional, sino uno o dos corredores de transporte pesado donde el GNL pueda demostrar que efectivamente baja el costo por kilómetro respecto del gasoil”, concluyó.



