Cómo la inteligencia artificial empieza a transformar la gestión de seguridad y operación en las estaciones de servicio
La operación de una estación de servicio combina exigencias comerciales con estándares de seguridad cada vez más estrictos. Manejo de combustibles, control de personal, cumplimiento normativo, registros obligatorios y auditorías permanentes forman parte de una rutina que genera un volumen creciente de información. En ese contexto, la inteligencia artificial comienza a consolidarse como una herramienta concreta para ordenar datos, reducir errores y mejorar la toma de decisiones en el sector.
Lejos de aplicaciones futuristas, la adopción de IA en estaciones de servicio empieza, en muchos casos, por la automatización de procesos cotidianos. Partes diarios, reportes de incidentes, permisos de trabajo, controles de elementos de protección personal, inspecciones internas y requerimientos regulatorios siguen dependiendo en gran medida de carga manual, planillas y validaciones posteriores, con el consiguiente consumo de tiempo operativo y riesgo de inconsistencias.
Ese esquema, habitual en muchas bocas de expendio, no solo recarga a los equipos, sino que también demora la detección de desvíos y la adopción de medidas preventivas. Es allí donde la inteligencia artificial muestra su impacto más inmediato: ordenar la información, procesarla en tiempo real y convertirla en alertas y acciones concretas para el responsable de la estación.
Uno de los usos más relevantes es la gestión de incidentes y eventos de seguridad. Frente a una situación anómala —desde un derrame menor hasta un accidente laboral—, sistemas basados en IA permiten analizar antecedentes similares, evaluar condiciones operativas y colaborar en la definición de acciones correctivas, facilitando el análisis de causa raíz y el seguimiento posterior.
Algo similar ocurre con el control en playa y áreas operativas. Tecnologías de visión por computadora hacen posible verificar el uso correcto de equipos de protección personal, detectar desvíos en tiempo real y generar alertas tempranas. A esto se suman herramientas de voz a texto que simplifican la carga de reportes desde el lugar de trabajo, sin interrumpir tareas críticas y mejorando la calidad de la información desde su origen.
Con la información estructurada, la IA avanza hacia modelos de predicción que permiten identificar patrones, repeticiones o combinaciones de factores que elevan el riesgo operativo. De este modo, la gestión de la seguridad deja de ser reactiva y comienza a apoyarse en datos anticipados, con recomendaciones accionables para el operador o el empresario estacionero.
Sebastián Rinaldi, especialista en inteligencia artificial aplicada a operaciones y fundador de la firma tecnológica Laburen.com, sostuvo que en actividades sensibles como las estaciones de servicio “la IA no puede limitarse a mostrar datos, sino que debe integrarse al trabajo diario y asistir en la toma de decisiones operativas”. En ese sentido, remarcó que el valor de estas herramientas aparece cuando “se hacen cargo de tareas repetitivas y liberan a los equipos para enfocarse en control, prevención y criterio”.
Si bien la velocidad de avance tecnológico supera a la de adopción en el sector, desde el ámbito técnico coinciden en que el camino más sólido no pasa por soluciones complejas, sino por automatizar primero aquello que hoy consume tiempo, genera fricción y tiene impacto directo en la seguridad y la eficiencia operativa.
Para las estaciones de servicio, el desafío y la oportunidad están planteados. Transformar datos operativos en decisiones concretas, reducir tareas manuales y anticipar riesgos puede marcar la diferencia en un entorno cada vez más exigente en materia regulatoria, operativa y de responsabilidad empresaria.



